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Despejamiento de creencias

«No hay límites, sólo creencias» es una expresión favorita mía. Quiere decir mucho. Lo que quiere decir es que uno crea su propia realidad y que aquello que uno cree se manifestará en la vida, conscientemente o no.

Es útil, por lo tanto, examinar algunas de las creencias que no queramos que nos controlen la vida. Si te enfrentas al problema de que no te toman en serio, es posible que exista una combinación de asuntos relacionados con la autoestima que precisen ser sanados, así como muchos sentimientos colaterales.

Tus creencias pueden ser «no gusto a la gente porque no tengo nada que guste» o «no tengo una buena conversación, soy aburrido» o «soy el felpudo de todos. Todos me pisan y no sé cómo evitarlo». En cuanto se aceptan tales creencias como verdades, seguirán presentándose situaciones y personas que te darán la razón. Del mismo modo, si cambian estas creencias, permitirás que el mundo te brinde tipos nuevos y diferentes de situaciones y personas más en consonancia con una verdad superior.  

He tenido muchas conversaciones con amigos y clientes sobre la validez o no de sus creencias. Un cliente tenía una creencia en su tercer chacra con este efecto:

«No gusto a nadie ni me dan una oportunidad».

Cuando le señalé que era una creencia que había que cambiar se puso a la defensiva diciendo: «Es cierto, no es culpa mía, yo no lo he querido así. Así es mi vida y lo puedo probar una y mil veces con las cosas que no dejan de ocurrir». Protegía tanto sus creencias y su propio complejo de víctima que me costaba mucho hablar con él.

Intenté explicar a este cliente que la vida no dejaba de darle la razón debido a la ley del magnetismo. Atraía hacia sí lo que encerraba dentro diciendo que la fuente profunda del problema era su propia ira y el resentimiento hacia personas que en el pasado lo habían tratado mal y que lo que necesitaba hacer era despejar la creencia, liberar las antiguas emociones y acabar finalmente en estado de perdón. Lo único que llegó a admitir durante esa sesión fue:

«Bueno, quemaré la creencia, pero no va a servir para una mierda».

Cuando quise actuar en él sobre las emociones que mantenían la creencia en su sitio, se resistía e insistía tanto en probar que su ex esposa le había tratado mal que veía justificado mantener la culpa, el resentimiento y la ira hasta que ella admitiera que había obrado mal. No pude hacer nada más que respetar su libre albedrío.

Hay que estar dispuesto a deshacerse del pasado si se quiere sanar y crear un futuro más positivo. Había una canción muy buena que se hizo famosa hace unos años que decía: «Y lo importante es perdonar, perdonar, aunque... ya no me quieras más». No todas las creencias requieren perdón para ser liberadas; pero algunas, como la que tenía mi cliente, claramente sí lo precisaba.

Los elementos principales para despejar una creencia son:

  1. Ser consciente de la creencia.
  2. Disposición a reconocer la creencia como tal y no como verdad.
  3. Disposición a deshacerse de la creencia.
  4. Disposición a sentir y liberar emociones relacionadas con ella.
  5. Aceptación de la responsabilidad de crear la realidad propia y de no ser víctima de ella.
  6. La capacidad de imaginar una alternativa sana e ilimitada a la creencia.
  7. Un método para liberar la antigua creencia.

El método que uso para despejar creencias es bien simple. Tras identificar una creencia que se quiera despejar, tal como «No tengo el atractivo suficiente para que alguien me ame», se cierran los ojos y se visualiza una imagen o un símbolo que represente la creencia.

Por ejemplo, uno se ve a sí mismo mirándose en un espejo de mano, y el cristal se rompe en reacción a la imagen. Luego se retiene la imagen de uno mirando al espejo roto en el ojo de la mente mientras se piensa en la creencia y el cuerpo respira profundamente para descubrir dónde se contrae y qué emociones se sienten.

Puede resultar que el pecho esté un poco hundido y el chacra del corazón constreñido por la angustia y la vergüenza. Puede que la cabeza esté bloqueada, los ojos tensos y el recto y la parte inferior de la espalda contraídos. Después se respira hacia esas áreas de una en una hablando con ellas y diciéndoles que la imagen rota en el espejo y la idea de no tener atractivo suficiente para ser amado son falsas; no son más que reacciones a una creencia. Luego se le dice al cuerpo que se relaje y se libere de la contracción y las emociones.

Cuando el cuerpo se empiece a relajar y las emociones se suavicen, visualiza la imagen o símbolo como una fotografía. Márcala varias veces con fuerza con un tampón de tinta roja que diga «¡CANCELADO!». Luego rómpela y quémala en fuego violeta hasta que desaparezca. La llama de color violeta transmuta la energía hacia una frecuencia vibratoria superior o la ilumina.

Si aún sientes una carga o contracción, busca otra imagen para la creencia y repite los pasos.

Ahora que tienes una idea de lo que es una creencia y de lo que hace falta para despejarla, intenta lo siguiente:

  1. Hay una creencia o mentira que corre por el planeta que dice: «Si naces, debes morir». Esta creencia extendida niega toda posibilidad de ascensión y evolución espirituales desde la tercera a la cuarta dimensión. En este ejercicio la utilizarás como creencia a cancelar.
  2. Cierra los ojos, conéctate a la tierra, extiende el aura y comprueba los colores y las rosas de los límites.
  3. Opcional: Haz fluir las energías doradas cósmicas y terrestres para lograr una liberación más profunda si quieres emplear tiempo en ello, pero no es crucial.
  4. Pide en tu interior una imagen o símbolo que represente la creencia, «Si naces, debes morir». Vale cualquier imagen que te venga a la cabeza. Puede ser un ataúd, una calavera y dos huesos cruzados, la escena de tu propio funeral o cualquier cosa que se te ocurra.
  5. Mientras retienes la imagen, piensa en la creencia unas cuantas veces mientras respiras profundamente y observas dónde reacciona el cuerpo y cómo reaccionan tus emociones a la creencia. Tus reacciones pueden variar de lo muy leve a lo muy intenso.
  6. Tras identificar las áreas del cuerpo y/o las emociones, habla con tus cuerpos físico y emocional. Haz que acepten la respiración profunda y se liberen de la tenaza y la contracción. Diles que se debe a una mentira, una falsa creencia de la que estás dispuesto a liberarte.
  7. Cuando el cuerpo y las emociones se relajen, imagina una fotografía del símbolo de la creencia.
  8. Utiliza un tampón de tinta roja que diga, «¡CANCELADO!» y marca con fuerza la fotografía del símbolo de la creencia cuantas veces necesites para que sientas que ha quedado cancelado en tu mente consciente y en tu subconsciente.
  9. Ahora rompe la fotografía cancelada en dos o cuatro pedazos y quémalos con fuego violeta hasta que desaparezcan del todo.
  10. Si aún sientes una carga procedente de esta creencia, repite el proceso con imágenes o símbolos nuevos hasta que te sientas despejado. Si es una creencia nuclear (que tiene mucha carga) puede que necesites repetir este proceso varios días e incluso semanas hasta que notes que ha desaparecido. Esto se debe a la disposición en capas, o efecto cebolla, de tu naturaleza holográfica.
  11. Piensa en una afirmación que reemplace a estas creencias tal como: «Estoy preparado para trascender a la muerte y ascender en esta vida» o «la ascensión es el paso evolutivo final de los seres humanos». Utiliza una propia si lo prefieres. Dila en silencio o en voz alta unas cuantas veces hasta que el cuerpo reaccione a la afirmación relajándose, sintiéndose más libre y ligero o más expandido y lleno de luz.
  12. Abre los ojos.
  13. Vuelve al paso 1. Esta vez piensa en una creencia que sepas que te limita la vida o las relaciones con los demás, con Dios/Diosa o contigo mismo. Formúlala en una frase. Luego repite los pasos precedentes para despejar la creencia.

Los juicios se despejan del mismo modo que las creencias. La única diferencia es la naturaleza y la fuente de la energía que se despeja. Ahora me gustaría describir la diferencia entre juicio, opinión, preferencia y discernimiento. Parece haber mucha confusión y controversia sobre estas áreas entre los buscadores espirituales de hoy.

Un juicio es la proyección de un pensamiento hacia o sobre otra persona o uno mismo que niega el valor de la esencia de la persona. Identifica a la otra persona o a uno mismo con algo que no gusta y de lo que se cree que no tiene valor. Por ejemplo, si dices o piensas: «Es un imbécil y un cabezota», identificas a la persona con aquello que le has llamado. Ignoras el valor de la esencia de esa persona y etiquetas a la persona toda basándote en su actitud o comportamiento. Esto es un juicio.

De otro modo, si dices o piensas:

«Me siento de verdad inseguro y frustrado y me enfado cuando es así de cabezota y no me gusta», expresas tus sentimientos y estableces una opinión sobre lo que percibes en el comportamiento de la persona.

Si también dices o piensas:

«No me siento seguro ni respetado por esta persona y he decidido no pasar más tiempo con ella», indicas una preferencia basada en una experiencia vital.

Esto es usar el discernimiento.

Recuerda: Eres responsable espiritualmente de no juzgarte a ti mismo ni a otros en ningún caso. Cada espíritu o alma realiza su propio viaje evolutivo y no tienes derecho a condenarlos, juzgarlos y así negarles o negarte a ti mismo el propio valor inherente. Sin embargo, a la vez eres responsable de hacer elecciones basadas en el discernimiento, cuidar de ti mismo y no ser una víctima. Si sabes que alguien ha venido comportándose de una manera poco fiable, poco respetuosa o dañina, debes usar el discernimiento y elegir qué grado de relación es apropiado que mantengáis. Esto no es negar la capacidad de crecer de la otra persona, sino elegir mientras tanto cómo precisas o prefieres relacionarte con ella.

Una vez, mientras meditaba junto a una piscina termal en California hace unos nueve años, un hombre entró dando gritos y haciendo aspavientos. Con los ojos cerrados empecé a quejarme en silencio pensando por qué dejaban entrar en la piscina a personas tan molestas y poco espirituales. ¿Por qué no limitar el acceso a personas sensibles y espiritualmente apropiadas como yo?

Cuanto más molesto y ruidoso era su comportamiento, yo reaccionaba con juicios cada vez más arrogantes. Después sentí clariauditivamente la voz de un hombre que decía:

«¡Si lo juzgas, en eso te convertirás!»

No hace falta decir que reaccioné con humildad a esta frase. Respondí en silencio:

«Ayúdame a verle de otro modo. ¿Qué debo hacer?»

El Hermano Blanco que me hablaba me lo explicó así:

«Imagina un círculo de 360 grados. Cada aspecto de tu carácter, identificación de personalidad y comportamiento sufre un proceso evolutivo que empieza en el grado cero y termina en los 360 grados. Por ejemplo, en el área de la sensibilidad hacia otros y hacia el entorno, ahora estás en el grado 280 y el hombre al que juzgas tan mal estará en el grado 40. Y sin embargo, lo único que crea la ilusión de diferencia entre vosotros dos es que vuestra conciencia está basada en una realidad de tiempo y espacio.

En un nivel de ser y de espíritu fuera del tiempo y el espacio, ambos ocupáis los 360 grados simultáneamente, lo que os convierte en iguales. Lo más probable es que no lleguéis a tener una amistad aquí en la Tierra en el tiempo y el espacio porque en esta vida vuestros niveles evolutivos son incompatibles. Pero debes verlo como a un auténtico igual y reconocer su valor espiritual aunque decidas con tu discernimiento no pasar tiempo con él».

Agradecí de verdad al Hermano con lágrimas en los ojos una lección que tanta falta me hacía. Creo que nunca olvidaré esa lección, aunque a veces aún me veo con necesidad de aplicarla.

Básicamente, debes decidir con discernimiento con quién te asocias íntimamente y con qué grado de intimidad. Desde un punto de vista vibratorio, resuenas con algunas personas y con otras no tienes nada que ver. Es natural tener preferencias basadas en la resonancia y la compatibilidad. Es importante darse cuenta de que el nivel evolutivo de compatibilidad puede ser muy distinto de la atracción que sientas por el alma de alguien. Ese alguien te puede atraer por el alma y mediante el magnetismo kármico para después descubrir que la vida diaria con esa persona es dolorosa, desagradable o incompatible en el mejor de los casos.

Un compañero sentimental mío me acusó una vez de culparlo, juzgarlo y no tratarlo como igual porque le decía que nunca cumplía las promesas que me hacía y le daba ejemplos específicos de ello. También le explicaba que este comportamiento particular suyo me dolía. Cada vez que me mostraba dolida o quería hablar de algo que no funcionaba en la relación, recibía de él el mismo mensaje y yo reaccionaba llorando, sintiéndome culpable y esforzándome de verdad por comprender y amar mejor. Pero también seguía pensando de mí misma que no actuaba de modo correcto.

Un día, después de haberse repetido esta situación, el Arcángel Miguel me dijo suavemente:

«Amorah, al negarte amor y hacerte acusaciones que te hacen sentir culpable y te avergüenzan, te manipula y te controla. Si ves que algo no funciona, tienes derecho a señalarlo. Cuando una persona te trata mal, tienes la responsabilidad de defenderte y de no permitir que continúe. Contestar de esa manera no es culpar, es usar el discernimiento.

Puede que sepas que él es un igual en el nivel del alma, pero en el trato personal diario es un chiquillo rebelde y torturador la mayor parte del tiempo, mientras que tú eres una mujer adulta. No estáis en el mismo nivel de crecimiento y madurez aquí en la Tierra. Es importante que reconozcas eso sin culpa y dejes de avergonzarte de señalarle sus actos y sus actitudes».

Lecciones como ésta son increíblemente valiosas para el viaje espiritual. A la hora de elegir sensata y amorosamente a compañeros y amigos, no sólo debes tener en cuenta tu conexión con el alma de otras personas y su plan espiritual. También debes examinar sus acciones diarias y su comportamiento ante las situaciones de la vida. Si no ponen en práctica diariamente lo que representan sus ideales espirituales, no pueden o no quieren mantener sus promesas ni tratarte con respeto e integridad, debes utilizar el discernimiento y elegir la naturaleza de las relaciones que quieras o no mantener con ellos.

Ahora que he expuesto lo que es un juicio, un discernimiento, una preferencia y una opinión, estás preparado para despejar un juicio. Piensa en alguien de quien tengas un juicio. Piensa en ese juicio. Luego vuelve al proceso para despejar una creencia y sigue los mismos pasos para despejar el juicio. En el paso 12 afirma:

«Reconozco que ________ (nombre de la persona) es un espíritu de luz santo y divino cuya vida tiene valor».

Aún puedes decidir no tener nada que ver con esa persona, estás en tu derecho.

Ahora repite los mismos pasos dados para despejar una creencia, pero esta vez despeja un juicio sobre ti mismo. Crea tu propia afirmación en el paso 12 similar a la que has utilizado para liberar el juicio sobre otra persona. Cuando te sorprendas a ti mismo juzgando a alguien, incluso a ti mismo, párate inmediatamente y di:

«Ordeno que este pensamiento quede cancelado».

Luego coloca tu verdad superior en su sitio. Si el planeta entero hiciera esto, todos tendríamos paz.

Las «imágenes perfectas» también se pueden despejar con el mismo proceso utilizado para despejar creencias y juicios. Se crean imágenes perfectas cuando se toma un ideal o una meta relacionados con algo que se quiere o no se quiere ser y se convierte en un fin absoluto. Generalmente, cuando no estás a la altura del ideal o la meta, te desprecias a ti mismo. Por ejemplo, puedes tener el ideal espiritual de ser compasivo y comprensivo.

Sin embargo, si te culpas y te avergüenzas de cualquier defecto a superar con el fin de llegar a ser compasivo y comprensivo, puede que nunca lo consigas. Cuando te enfadas o emites juicios en lugar de ser compasivo y comprensivo, puedes sentir tal sensación de fracaso que te deprimes, te avergüenzas, y te castigas. La actitud más apropiada sería tomar conciencia de la actitud o comportamiento imperfectos e intentar transformarlos sin recurrir a la formulación de juicios.

Una vez fui a una sesión de lectura y sanación con mi maestra porque me sentía deprimida y pensaba en el suicidio. Sabía que no me iba a suicidar, pero las emociones negativas me abrumaban. Cuando entró en trance, me dijo:

«No me extraña que pienses en el suicidio. Tienes tantas imágenes perfectas de ti procedentes de ti misma y de otras personas encendidas en cada chacra, que has decidido que nunca estarás a su altura y te has rendido».

Dedicamos la hora y media a identificar imágenes perfectas y a despejar las que venían de otras personas. También recibí una lista de imágenes perfectas creadas por mí para despejar en casa. Aquel día salí de casa de mi maestra riendo, sintiéndome feliz de nuevo.

Piensa en áreas de tu vida en las que te sientas fuera de lugar, avergonzado o fracasado. Luego identifica las imágenes perfectas que representen quién crees que debes ser. Mediante el proceso mencionado para despejar creencias y juicios despeja esas imágenes perfectas. En el paso 12 crea una afirmación tal como:

«Soy una persona compasiva y comprensiva que está madurando. Me amo y me acepto exactamente como soy ahora».

Si descubres imágenes perfectas con origen en otras personas, puedes eliminarlas con rosas.

Para despejar formas de pensamiento recurre a la misma técnica utilizada para creencias, juicios e imágenes perfectas. La única diferencia es que una forma de pensamiento es una estructura compuesta a partir de muchas imágenes pasadas y/o presentes, creencias, juicios y/o imágenes perfectas alrededor de un tema central.

Cuando percibo estas formas de pensamiento extrasensorialmente, me recuerdan a una madeja en la que se enrollan pensamientos, creencias y/o imágenes altamente cargadas procedentes de experiencias de la vida alrededor de un tema común. Se unen unas a otras y se enrollan como la cinta de vídeo en la bobina. Una forma de pensamiento tiene la capacidad de cargarse tanto que llega a convertirse en lo que llamo un «ente de pensamiento».

Este tipo de ente va controlando aspectos de la propia vida e inhibe el crecimiento.

Trabajé con un cliente que tenía una forma de pensamiento de esta magnitud que le hacía creer que si no controlaba a las mujeres se moriría. Por supuesto, estaba a merced de su propia creación y vivía con temor al vacío y se resistía a intimar. Este pensamiento se componía de muchas creencias y juicios. Algunos aparecen en esta lista, que dará alguna idea de cómo se genera una forma de pensamiento.

Eran:

  1. Si no puedo extraer y utilizar el amor y la luz de una mujer, moriré porque yo no tengo ni lo uno ni lo otro.
  2. Soy incapaz de salvarme a mí mismo.
  3. Cualquier cosa que tenga que hacer para salvarme está justificada, aunque lastime o empobrezca a otros.
  4. Sólo podré ser feliz teniendo el control sobre la sexualidad de una mujer haciendo que me desee y luego negándome a ella.
  5. Debo hacer que la mujer se sienta fuera de lugar, no deseada, e incompleta para que me necesite.
  6. El único poder que satisface es el poder absoluto.
  7. Debo ocultar quién soy en realidad a cualquier precio y ser astuto y manipulador para cubrir mis necesidades.
  8. Si utilizo la autocompasión para que la mujer me tenga lástima e intente salvarme, será mía.
  9. Nadie hará que me rinda. Soy más poderoso que el amor y lo demostraré.

La imagen nuclear y primigenia que inició la forma de pensamiento procedía de una vida pasada en la que este hombre fue herido por una esposa, a la que amaba profundamente, que huyó con otro hombre.

En ese momento juró no volver a permitirse amar o confiar en nadie. También juró castigar a cuantas mujeres pudiera por lo que aquélla le había hecho. Después se convenció de que el odio era más fuerte y más poderoso que el amor y que a partir de entonces se decantaría por el odio.

Estos juramentos, fruto de la ira, el dolor y la venganza, le acompañaron a través de muchas vidas, creando una forma de pensamiento que crecía cada vez más con cada vida. Para cuando lo conocí, esta forma de pensamiento controlaba por completo la parte inferior de su cuerpo, igual que sucede en casos de posesión por parte de un ser demoníaco. La forma de pensamiento tenía voz y voluntad propias y era más grande que el yo de luz de este hombre y «aún más feo», como quien dice.

Aunque cueste creerlo, la forma de pensamiento era aún más complicada, pero creo que con esto es suficiente. Por suerte, no hay muchas formas de pensamiento que crezcan hasta alcanzar tales proporciones, pero debes saber hasta qué punto pueden llegar si no se las trata a tiempo.

No puedo decirte en realidad cómo identificar estas formas de pensamientos en ti mismo a no ser que seas clarividente o clariauditivo y los veas, o recibas mensajes sobre ellos. Pero a medida que crezcas y progreses, sea a través de guías, sueños o percepciones repentinas, puede que en algún momento te des cuenta de que una forma de pensamiento controla algún aspecto de tu vida.

Si eso ocurre, utiliza el procedimiento para despejar creencias dado previamente en esta sección y despeja las imágenes y creencias que componen la forma de pensamiento de una en una hasta que hayan desaparecido. Si sueles recordar tus sueños, pide antes de ir a la cama que el tema del último sueño de la noche sea una forma de pensamiento que necesites despejar. Cuando despiertes y recuerdes el sueño, entra en estado de meditación y pide ver o escuchar cuáles son sus componentes.

A partir de aquí ya puedes aplicar el proceso para despejar creencias dado anteriormente.

Contacto: info@ejerciciospleyadianos.org

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